Acupuntura no ayuda a concebir

De acuerdo con la Sociedad Británica de Fertilidad (BFS, siglas en inglés), que representa a las clínicas de fertilidad: “no hay pruebas” que indiquen que estos tratamientos alternativos aumenten las posibilidades de concebir.
La BFS llegó a su conclusión después de evaluar las pruebas publicadas hasta ahora sobre casos en que mujeres recurrieron a la acupuntura al mismo tiempo que se sometían a un tratamiento de fertilidad, indica la citada sociedad, cuyas conclusiones aparecen en la publicación Human Fertility.
La sociedad precisó que analizó 14 estudios en los que participaron 2 mil 670 pacientes.
Los expertos del BFS agregaron que independientemente de la etapa en que estuviera una mujer sometida al tratamiento de fertilización in vitro, la acupuntura no influía en su resultado.
El profesor Adam Balen, que encabeza el Comité de Política y Práctica del BFS, señaló que la sociedad “quiere asegurar que todas las mujeres reciben el tratamiento más seguro cuando se someten a un procedimiento de fertilidad”.
Tras un análisis riguroso de las pruebas, la Sociedad Británica de Fertilidad concluye que actualmente no hay evidencias de que la acupuntura o las hierbas medicinales chinas, cuando son utilizadas junto con los tratamientos de fertilidad asistidos, tengan un efecto beneficioso en los casos de nacimiento, embarazos o aborto involuntario.
Las mujeres estériles han sido engañadas desde hace un tiempo al pensar que la medicina tradicional china puede ayudarles a quedar embarazadas.
Reproducción asistida, una opción para tener hijos

Miles de parejas en el mundo, desean tener un hijo/a propio y por diversas causas no pueden lograrlo. Sin embargo este problema que antes era irreversible con todas las consecuencias emocionales, familiares y psicológicas, ahora es totalmente factible a través de diversos medios de reproducción asistida.
Cuando una pareja no logra embarazarse, el primer paso es el realizar una serie de estudios para determinar la causa, ya que primero hay que descartar si la persona es estéril, es decir es incapaz de tener un embarazo o es infértil, que es cuando logran concebir un hijo/a pero el embarazo no se logra y termina en aborto espontáneo o en la muerte del producto.
Esta evaluación debe hacerse tanto en la mujer como en el hombre, ya que el problema puede provenir en igual número de porcentaje, de alguno de los dos y en algunos casos por la coincidencia de ambos y no necesariamente de la mujer, como antes se creía.
Es necesario hacer una historia clínica detallada con antecedentes de enfermedades padecidas, sucesos traumáticos (como puede ser una violación) para después hacer una revisión cuidadosa del sistema reproductor y funcionamiento hormonal entre otros.
Entre los estudios recomendados para el hombre está el espermiograma, examen que consiste en analizar una muestra de líquido seminal y el conteo de espermatozoides, para conocer el tipo de defecto que puedan tener. Se realizan también, estudios hormonales, ultrasonidos y radiografías.
Para la mujer se realizan estudios hormonales, ultrasonidos o ecografías para evaluar el crecimiento y desarrollo de los ovocitos en el ovario, el cambio en el grosor y características del endometrio o las condiciones de las trompas de Falopio. Para evaluar las condiciones del útero y pelvis en general, se realizan exámenes radiológicos, y para observar los órganos sexuales internos, se realiza una laparoscopia, en el cual se introduce un tubo delgado por el ombligo que permite observar en forma directa los órganos pélvicos.
Otros estudios, como el ultrasonido transvaginal o la hiesteroscopía, son para detectar malformaciones congénitas o adquiridas, como la presencia de miomas, anormalidades en el grosor el endometrio por la presencia de pólipos o adherencias de la pared endometrial, conocidas como sinequias.
Hidrocefalia fetal

Cuando la hidrocefalia se desarrolla durante el embarazo, es posible diagnosticarla al aplicar un ultrasonido de alta dimensión que permita ver el aumento del tamaño de los ventículos.
Esto puede lograrse solamente hasta la semana 18 o 20, ya que antes la dilatación de los ventrículos laterales del cerebro es normal.
En todo caso es conveniente además del ultrasonido de alta resolución hacer un estudio de resonancia magnética fetal y una amniocéntesis y determinación de fetoproteína, además de estudios virales, para descartar otros problemas mentales o anomalías cromosómicas.
En la madre será necesario determinar la fetoproteína y fracción b de la gonadotropina coriónica, cariotipo, títulos seriados de toxoplasma y virus, ya que la evidencia de malformaciones fetales que pueden ser letales o la destrucción cerebral del bebé por infección, es un criterio válido para proponer la interrupción del embarazo ya que el pronóstico no es nada alentador.
En los casos en los que no se hayan confirmado las graves alteraciones mencionadas y si la ventriculomegalia es moderada y estable y si los padres así lo desean, se permitirá la evolución del embarazo, tomando en cuenta la necesidad de tratamientos urgentes en cuanto nazca el bebé. Si la hidrocefalia se incrementa, se debe valorar la inducción del parto por cesárea, más o menos a los 7 meses, cuando la maduración de los pulmones el bebé, le permitan vivir y en ese momento se deberá aplicar la derivación ventricular.
Algunos médicos optan por hacer la derivación ventrículo amniótica, pero otros muchos no la recomiendan por los riesgos que conlleva.
Otras opciones son la cefalocentesis trans-abdominales repetidas, realizadas con una aguja fina al bebé in úter o el control ecográfico para descomprimir los ventrículos y evitar la destrucción del manto cerebral y la macrocefalia, con el objeto de permitir que el bebé pueda ser viable para la inducción del parto.
Efectos físicos del aborto

Aunque los efectos físicos se superan pronto, el impacto emocional puede ser tan importante como el que se experimenta tras la pérdida de un ser querido.
Los sueños de algunas mujeres que esperan un bebé se pueden truncar por un aborto inesperado. La tasa de incidencia de este problema espontáneo oscila entre el 10% y el 15%: alrededor del 12% en gestantes veinteañeras y del 25% en mujeres mayores de 40 años.
Tras un aborto, la recuperación física de la mujer oscila entre varias semanas y poco más de un mes, según el tiempo que haya estado embarazada. Algunas hormonas propias de la gestación permanecen en la sangre durante uno o dos meses después de una pérdida espontánea, pero los efectos físicos suelen desaparecer con rapidez.
La recuperación de la mujer es rápida; la menstruación reaparece entre cuatro y seis semanas más tarde y, en ausencia de otros problemas, puede quedarse de nuevo embarazada al poco tiempo.
La recuperación física de la mujer oscila entre varias semanas y poco más de un mes
El tiempo de ingreso en el hospital depende de cada paciente y de las normas de cada institucion pero, en general, en 24 horas se les da el alta. La hemorragia cesa entre siete y diez días después. En algunos casos, se puede producir una infección que prolonga la hemorragia o causa una secreción de aspecto desagradable, aunque con antibióticos se puede resolver el problema.
La mujer que acaba de sufrir un aborto puede tener distintos síntomas, desde dolor lumbar hasta molestias abdominales agudas o de tipo cólico, con o sin sangrado vaginal, así como pérdidas de restos de tejido o coágulos.
Una vez en casa, debe prestar atención a ciertos signos indicativos de complicación, como fiebre, secreción vaginal purulenta o con mal olor, hemorragias o aumento del dolor. En todos estos casos, hay que consultar al médico.
No obstante, aunque los efectos físicos se superen pronto, puede no suceder lo mismo en el aspecto emocional. El dolor psíquico puede ser tan intenso como el que se experimenta tras la pérdida de un ser querido. Muchas mujeres lo describen como una gran sensación de vacío.
Aborto espontáneo.

El riesgo de aborto es mayor entre la sexta y décima semana de embarazo. Se considera que por lo menos el 20% de todos los embarazos terminan en aborto entre la sexta y la décima semana.
Sin embargo, estudios recientes indican que la cifra puede ser mucho mayor, ya que muchas mujeres no se dan cuenta de que están embarazadas, por lo que la pérdida del producto pasa inadvertida, ya que la mujer considera que su periodo menstrual es más abundante de lo normal, pero no que está embarazada.
La mayoría de los abortos espontáneos son provocados por algún problema en el desarrollo fetal, generalmente generado por anormalidades en algunos cromosomas o por malformaciones anatómicas de la madre o de los órganos que se desarrollan para un embarazo, como es la placenta.
Las alteraciones cromosómicas sobre todo de los cromosomas 13, 18 y 21, son responsables de un 2.5% de la mortalidad infantil, y aproximadamente de un 80% de abortos espontáneos durante el primer trimestre.
Los cromosomas, que deben integrarse en 23 pares después de una fecundación, en ocasiones están incompletos, afectación conocida como anuplonidia. Cuando en algún cromosoma solamente hay 1 faltándole su par, se le llama monosomía y cuando hay uno de más en alguno de ellos, como en el caso del síndrome de Down, se le conoce como trisomía.
Los abortos espontáneos también se producen por:
- Anomalías genéticas o génicas, es decir mutaciones que afectan a uno o más genes.
- La edad de la mujer, que a mayor edad aumenta el riesgo de abortos espontáneos.
- La presencia de ciertos contaminantes ambientales como el plomo o las radiaciones.
- Mala nutrición, anemia o desnutrición.
- El tabaquismo en la mujer, ya que la falta de oxigenación adecuada del feto y la placenta pueden desencadenar un aborto.
- El alcoholismo y el consumo de drogas.
- Los traumatismos por accidente o por violencia intrafamiliar.
- Por problemas de funcionamiento en el aparato reproductor femenino, sobre todo en el endometrio, que es la capa del útero en la que se implanta y desarrolla en feto.
- Por procesos infecciosos y enfermedades como la rubéola y las de transmisión sexual.
- Por problemas inmunológicos como puede ser el Lupus eritomatoso.
- Por tener en la matriz algún dispositivo intrauterino.
- Por exceso de estrés o un fuerte choque emocional.





