Depresión Infantil

Hoy en día, la sociedad y la forma de educar a los niños han sufrido un cambio debido a las condiciones sociales, económicas y culturales. Esto, desafortunadamente, ha generado que nuestros hijos también sufran cambios en la conducta y, por supuesto, en su estado de ánimo. Por esto debemos considerar que ahora es mucho más frecuente la depresión infantil, misma que podemos definir como una situación afectiva de tristeza de mayor intensidad y duración y es causada por la condición depresiva persistente, que interfiere con las habilidades generales del niño.
El diagnóstico de depresión como enfermedad dependerá de la gravedad de los síntomas y de su duración. Algunos de estos pueden ir desde tristeza persistente, lloriqueo y llanto excesivo hasta pensamientos o expresiones suicidas, actuaciones autodestructivas, desesperanza, aburrimiento persistente y falta de energía. También se puede observar pérdida de interés en sus actividades favoritas o incapacidad para disfrutar de ellas, ideas de autodesprecio, alteración del sueño, alteración notoria en los patrones de comer y de dormir, quejas frecuentes de enfermedades físicas (por ejemplo dolor de cabeza o de estómago), distracción, bajo rendimiento escolar, aislamiento social, irritabilidad, agresión, baja autoestima y sentimientos de culpa, entre otros.
La depresión puede iniciar con una pérdida o separación (por ejemplo la muerte de un ser querido, el divorcio de los padres, etcétera). Pueden existir acontecimientos negativos en la vida del niño, fracaso escolar, rechazo o incluso puede derivarse de un factor biológico como la herencia (que algunos de los padres o familiares sufran de depresión). Es fundamental recalcar que también puede aparecer si los padres somos muy severos en la forma de educar a los niños y que en cuanto identifiquemos algo fuera de lo normal en ellos, debemos acudir con un especialista: pediatra, psicólogo o psiquiatra infantil para recibir de ellos orientación que nos indique qué hacer al respecto.
La buena noticia es que la depresión infantil puede ser tratada con éxito y se puede trabajar con el niño en una terapia individual mediante el juego, terapia familiar y en ocasiones con tratamiento farmacológico.
Nosotros, los padres, tenemos el deber de contribuir a que nuestros hijos aprendan a expresar sus sentimientos y emociones, a ser amados y ser escuchados, a permitirles expresar sus inquietudes y a ayudar a ponerle un nombre a todo aquello que sienten. Un niño debe ser considerado el mejor regalo que la vida nos puede dar. Amarlo, respetarlo y cuidarlo es tarea de quien decide tener esta enorme responsabilidad.
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