Tanorexia, la obsesión por estar bronceada
Todo empezó por unas vacaciones en la playa en las que descubriste que pasar horas bajo los rayos del sol no sólo te dejaba un hermoso color tostado, sino que también te recargaba de energía.
Al llegar a la ciudad probaste las camas de bronceado: Primero una vez al mes, después dos y ahora vas de dos a tres veces por semana. Mientras los dermatólogos, alarmados, denuncian los peligros de la exposición al sol y el aumento exponencial en el cáncer de piel, la obsesión por estar bronceada se gana un nombre: tanorexia. No importa qué tan quemada esté, cuando se mira en el espejo, la tanoréxica se ve páIida y, al iguaI que en el caso de la anorexia, se trata de una muy seria alteración de la percepción.
Los estudios recientes sugieren que además del factor psicológico, existe una verdadera dependencia física a la luz UV. El sol incrementa los niveles de endorfinas, que refuerzan el sistema placer-recompensa en el cerebro, y a falta de éstas, se experimenta un síndrome de abstinencia. En el mejor de los casos, la piel envejece prematuramente, se curte, aparecen manchas desagradables y las quemaduras se hacen más frecuentes.
El peor de los escenarios: un cáncer maligno que te lleve a la muerte.
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