Relajate flotando
La sensación de ingravidez se logra gracias a la alta concentración de sal del agua de la bañera: 300 kilos de sales de Epsom o sulfato de magnesio por 600 litros de agua. El sulfato de magnesio, presente en aguas termales y valorado por sus efectos beneficiosos sobre la piel, da al agua una densidad cinco veces superior a la del mar, lo que permite flotar nada más recostarse. Al dejar de ofrecer resistencia a la fuerza de la gravedad, el cuerpo descansa y experimenta una ausencia total de peso, lo que reduce la tensión muscular y acelera la recuperación de lesiones.
Para eliminar cualquier distracción y facilitar la desconexión del exterior y del propio cuerpo, la bañera está diseñada, además, como una cámara de aislamiento sensorial. Dotada de una tapa superior, permite permanecer durante casi una hora en silencio en un espacio oscuro o, si se prefiere, iluminado tan sólo por una tenue luz roja que se controla desde el interior. La temperatura del agua se mantiene a unos 35-35.5° C. Es unas décimas menos que la del cuerpo, pero aun así se evita la sensación de frío o calor que impediría soltarse del todo, pues el sulfato de magnesio hace sudar ligeramente. Esto compensa esa pequeña diferencia a la vez que nos ayuda a depurar.
La ausencia de estímulos externos no sólo induce a relajarse reduciendo hasta en un 90% las señales que recibe el sistema nervioso central, sino que predispone a estados de meditación y creatividad intensas. Disminuye la producción de las hormonas del estrés, la adrenalina y el cortisol, y aumenta la de endorfinas, que procuran sensación de bienestar. Baja también el ritmo cardiaco y mejora la circulación sanguínea y linfática.
Haya a quien esta situación de aislamiento le aburre o inquieta, pero dejarse llevar y aprovechar ese rato de quietud para explorar nuestro interior resulta reparador.
Informes en: wwvv.flotarium.com
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